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TEMUJIN DORAN Y NELL LEWIS


Cómo preparar a los niños para los trabajos del futuro

Las aulas de hoy distan mucho de la imagen tradicional de escritorios, pizarras y lápices. La educación está llamada a preparar a los niños para un mercado laboral en constante cambio y, por tanto, el aprendizaje con el uso de tecnología se está convirtiendo en la norma, con niños que aprenden a programar antes de saber leer y escribir. Por eso, el gasto global en tecnología educativa está en auge. Se prevé que, entre 2018 y 2025, se duplique hasta llegar a los 341 mil millones de dólares estadounidenses, según la firma de datos e investigación  HolonIq.

“Preguntamos a los jóvenes qué quieren ser de mayores, pero quizás más de la mitad de los trabajos e industrias en las que trabajarán aún no se han inventado”, dice Heather McGowan, estratega sobre el futuro mercado laboral que ayuda a las personas y a las organizaciones a prepararse para la Cuarta Revolución Industrial, que verá como la inteligencia artificial, la robótica y otros avances tecnológicos cambian el mundo.

Un informe del Foro Económico Mundial señala que el 65% de los niños y niñas que empezaron la educación primaria en 2017 tendrán trabajos que aún no existen y para los cuales la educación no los preparará. La educación debe adaptarse a esta nueva realidad. Según McGowan esto supone un menor enfoque en la transferencia de conocimientos y un mayor énfasis en la capacidad de aprender de forma autónoma. “El conocimiento fundamental del futuro es la propia capacidad de aprender y adaptarse, porque si no, nuestra carrera profesional se frenará en seco en un par de años”, dice.

Herramientas para el futuro

Esta nueva era de la educación también exige un nuevo conjunto de herramientas. Tomemos por ejemplo a Cubetto, un pequeño robot de madera que se mueve sobre un tablero cuando los niños insertan bloques con instrucciones, como izquierda, derecha o adelante, en una base a la que está conectado. Las escuelas y los padres utilizan a Cubetto, que junto con sus accesorios cuesta 225 dólares estadounidenses, para enseñar a programar a niños de tan solo tres años. “Es una habilidad que puedes aplicar a cualquier cosa: básicamente aprendes a pensar de una manera muy lógica y racional”, dice Filippo Yacob, fundador y director general de Primo, el fabricante de juguetes que desarrolló Cubetto. “Para nosotros, se trata de que los niños estén preparados para el futuro”, añade.

Sin embargo, estas herramientas solo son efectivas si podemos mantener la atención de un niño pequeño. “Tiene que ser algo divertido y dinámico, no deberes”, dice Alex Klein, director general y fundador de Kano, una compañía de tecnología educativa. El producto distintivo de Kano, el kit computadora Kano, es una computadora o tableta que puedes construir tú mismo. Los estudiantes siguen una guía paso a paso para conectar las partes de la computadora y, una vez que funciona, pueden jugar con varias aplicaciones, desde aprender a programar hasta crear música y juegos.

“Kano es un ejemplo de las oportunidades innovadoras que hay para enseñar informática”, dice Allen Tsui, profesor de una escuela en Londres que usa el dispositivo. “(También) permite oportunidades de aprendizaje basadas en proyectos para reforzar las habilidades de colaboración, la creatividad, la comunicación y el pensamiento crítico”. En Reino Unido, los educadores son partidarios del uso de la tecnología. Según una encuesta realizada por Promethean, el 54% del profesorado ha utilizado tecnología educativa este año, y el 94% está de acuerdo en que puede ayudar a motivar a los estudiantes. 

Útil no solo para la enseñanza

La tecnología no solo es útil para la enseñanza, sino que también ayuda a crear un mejor ambiente de estudio. Las compañías danesas Velux y Leapcraft han trabajado para introducir sensores en el aula. Juntas han desarrollado Ambinode, una pequeña caja blanca que controla el ruido, la temperatura, las partículas de aire y los niveles de CO2.

Luego, los datos se envían a una aplicación de teléfono inteligente, de modo que los profesores o el responsable de mantenimiento puedan controlar el ambiente para que sea lo más agradable y productivo posible. Según un informe de la Universidad de Salford , los factores físicos como la luz natural, la temperatura y la calidad del aire pueden mejorar el progreso en el aprendizaje de los alumnos de primaria hasta en un 16% al año. “El problema es que, si no ajustas correctamente estos factores físicos, se dificulta el aprendizaje de los alumnos y se socavan sus esfuerzos para progresar académicamente”, explica el profesor Peter Barrett, quien dirigió el estudio.

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