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NELL LEWIS Y MAX BURNELL


Vernos y sentirnos bien: cómo la tecnología podría salvar a la industria de la moda

La industria de la moda contribuye más al cambio climático que todos los vuelos internacionales y el transporte marítimo juntos. Según la ONU, genera el 20% de las aguas residuales y el 10% de las emisiones de carbono a nivel mundial. Además, la industria libera medio millón de toneladas de microfibras sintéticas al océano cada año.

Los consumidores son cada vez más conscientes del coste ambiental que conlleva la producción de grandes cantidades de ropa barata, y algunos consumidores están adoptando hábitos de consumo más sostenibles, como comprar ropa usada. Los gigantes de la moda también están dando respuestas. Para 2025, Zara se compromete a usar solo algodón, lino y poliéster orgánicos, sostenibles o reciclados para fabricar su ropa. H&M (HMRZF) promete hacer lo mismo para 2030.

Nike (NKE) utilizará energía 100% renovable en sus fábricas para 2025, y Adidas (ADDDF) duplicará la cantidad de zapatos hechos con residuos plásticos reciclados este año. Wrangler ha desarrollado un nuevo proceso de tintado de la ropa vaquera que elimina el desperdicio de agua. Las mejoras están impulsadas por nuevas tecnologías que podrían transformar la forma en que se diseña, se produce y se vende la ropa.

Reducción de residuos

“La moda es un sector de precios bajos y volumen alto, que genera muchos residuos. Hay mucha ropa y no vale nada”, dice Mart Drake-Knight, cofundador de Teemill, una startup de Reino Unido que fabrica y recicla camisetas con energía renovable y tecnología para minimizar los residuos. Afirma que, de cada cinco camisetas compradas hoy, tres acabarán en la basura en un año. Muchas acaban en la basura sin ni siquiera estrenarse.

El coste no es solo ambiental: la industria, valorada en cerca de 2,4 billones de dólares estadounidenses, pierde alrededor de 500 mil millones cada año debido a la falta de reciclaje y ropa que se tira antes de venderse, según la ONU. Para resolver este problema, Teemill produce sus artículos en tiempo real y bajo demanda en su fábrica en la Isla de Wight, al sur de Inglaterra, con la ayuda de docenas de dispositivos robóticos e inteligencia artificial. Cualquier persona con conexión a Internet puede diseñar y vender camisetas a través del sitio web de Teemill; sus clientes incluyen ONG como Save the Children y Greenpeace y diseñadores como Katherine Hamnett y Bella Freud.

“Hemos ideado el concepto de existencias no vendidas”, dice Drake-Knight. Aun así, estas camisetas llegarán al final de su vida y la mayoría de las veces acabarán en la basura. Para solucionar esto, Teemill anima a los clientes a devolver estos artículos, ofreciendo franqueo gratuito y crédito en su tienda. Debido a que los productos de Teemill están hechos de materiales naturales, las fibras se pueden usar una y otra vez. Esto contribuye al objetivo de la compañía de crear una economía circular, y al hacerlo, retienen parte del valor de la camiseta original.

“Si arrojas una prenda a la basura, todo ese valor se pierde para siempre”, dice Mark Sumner, profesor de sostenibilidad, comercio minorista y moda en la Universidad de Leeds. “Incluso haciendo algo tradicional como donar una prenda a una institución benéfica, se conserva parte del valor de esa prenda”.

Transparencia

Samantha Dover, analista minorista senior de la compañía de investigación de mercado Mintel, explica que los consumidores no solo se han vuelto más conscientes sobre dónde termina su ropa, sino también sobre las condiciones de trabajo en las fábricas textiles y la procedencia de la ropa. Según Mintel, alrededor del 53% de los compradores de ropa de Reino Unido piensan que las tiendas minoristas deberían dar más información sobre dónde se fabrica la ropa.

“Existe una fuerte demanda para que los minoristas no solo sean más transparentes, sino que también faciliten la información de la manera más accesible posible para el consumidor medio”, explicó Dover a CNN Business. Esto ha llevado a algunas marcas a utilizar la tecnología blockchain para rastrear sus cadenas de suministro. En su libro de cuentas público y en línea se crea un registro permanente e inmutable de las transacciones: cada una de ellas se anota con fecha y hora y está vinculada a la anterior, para que no pueda modificarse con posterioridad.

“La transparencia impulsada por blockchain en las cadenas de suministro valora a quienes participan en las mismas, dándoles voz y responsabilidad a todos”, dice Martine Jarlgaard, diseñadora con sede en Londres. En asociación con la compañía de tecnología Provenance, Jarlgaard incorporó la tecnología blockchain en sus prendas, para que los consumidores puedan seguir el viaje del artículo, desde que se produce la materia prima hasta la tienda, simplemente escaneando el código QR del artículo en una aplicación. “Necesitamos comprender urgentemente el compromiso real de las marcas con la sostenibilidad … y solo la transparencia objetiva permitirá a los consumidores y colaboradores analizar y tomar las decisiones correctas”, dice Jarlgaard.

Macrodatos

En un mercado global como la moda, con múltiples proveedores y comerciantes en todo el mundo, puede ser difícil para una marca comprender completamente su propia cadena de suministro y medir su impacto ambiental. Por eso, en mayo, Google Cloud se asoció con la diseñadora Stella McCartney para crear una herramienta que utiliza análisis de datos y aprendizaje automático para ayudar a las marcas a estimar el impacto ambiental de su proceso de producción.

Teniendo en cuenta principalmente el algodón y la viscosa, la herramienta, cuyo lanzamiento está previsto para el año próximo, analizará los datos de varias fuentes y medirá elementos clave como la calidad del suelo, el gasto de agua, los desechos y las emisiones de gases de efecto invernadero. “Los datos que existen están muy fragmentados”, dijo a CNN Business Ian Pattinson, jefe de ingeniería de clientes, venta minorista y fabricación en Google Cloud Reino Unido e Irlanda, “pero creemos que podemos unirlos y presentarlos a las marcas de moda y minoristas para ofrecerles una imagen de su huella de sostenibilidad”.

Actualmente, los minoristas trabajan con datos antiguos, dice, mientras que esto les daría una visión en tiempo real. Pero Sumner, de la Universidad de Leeds, advierte que existe el peligro tener demasiados datos. Su investigación muestra que sobrecargar al consumidor con información sobre la huella de carbono, las condiciones de trabajo o los impactos toxicológicos no siempre cambia sus hábitos. “Terminamos sobrecargando tanto al consumidor … [que] se desmotiva y pierde interés. ¡Sabes qué, voy a compararme algo de ropa que me quede bien!”, acaban diciendo los consumidores.

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